Cómo entender el Deseo?

 

¿Cómo entender el Deseo?

 

I

Existe una tradición sellada por quienes reclaman hoy el nombre del Deseo, como un fenómeno clausurado al mal llamado "mundo interior".

Tradicionalmente ligada a instintos, o delegadas a un mundo subjetivo paralelo al de la vida consciente, el Deseo se ha visto envuelto en un sin fin de velos que cierran la posibilidad de la comprensión de nuestra naturaleza humana.

Usualmente se identifica a Freud como el artífice de las bases teóricas para la captura del significado del Deseo como el motor de la vida humana, así como la interpretación de la construcción del mundo histórico y social.

Si bien, Freud logra relevar la vida psíquica como el núcleo de nuestra existencia como humanos, el modo en que intenta asir del Deseo corroe todo intento de iluminar lo más propiamente humano: su incompletitud.

¿Por qué incompletitud?

Porque no acabamos nunca de vivir nuestra historia hasta que morimos, permanecemos en un movimiento constante, incluso en la inmovilidad aparente, el tiempo pasa a través nuestro constatando su paso en nuestra carne, en nuestra forma de contarnos quienes somos.

El núcleo de nuestra existencia como inacabados exige que momento a momento el mundo se nos abra como una nueva posibilidad a ser realizada, y en esto emerge la dirección que toma el sentido hacia donde nos dirigimos. En esto, Freud se preguntó por aquello que determinaba y empuja ciegamente nuestras vidas a una u otra dirección del sentido.

¿Cómo llega a corroerse la primacía de la pregunta?

El problema es metodológico y tiene 2 partes principales. Primero se asume la tradicional separación mencionada por Rene Descartes, como res extensa (mundo material) y res cogitans (mundo mental). La segunda parte consta de asumir que puedo conocer la vida mental del mismo modo que las cosas de “el mundo real”, volviéndolos objetos y conociendo las formas de relación lógicas entre ellas como causas y efectos. De este modo, Freud inaugura una tradición que homologa “lo exterior” a “lo interior”, y que aquel interior es posible de ser estudiado del mismo modo que un tren a carbón: la combustión genera energía, lo cual moviliza las piezas y finalmente mueve la totalidad de la maquina a vapor. Del mismo modo, el “aparato psíquico” presupone piezas e interconexiones mecanicistas que explican cómo funciona la maquina humana.

La pregunta ya no busca comprender un sentido (tarea histórica), sino entregar una explicación (tarea de la ciencia teórica). Las consecuencias son aislar al sujeto en su mecanicidad interna generando un sistema de atribución psicologizante, prescindiendo de su contexto sociocultural y su historia. Desde una perspectiva de la sospecha, se podría argumentar sobre la elaboración de un dispositivo de control.

 

II

Una alternativa a esta concepción del Deseo es propuesta por Renaud Barbaras, quien, siguiendo al filósofo checo Jan Patocka, vuelve sobre el concepto platónico de chorismos [χωρισμός] como la separación de lo sensible y lo inteligible, presentando esta división no como una forma de paralelismo o de la prevalencia de una por sobre otra, sino mostrando como su relación es la posibilidad de nuestra libertad, en tanto lo vivido de forma inmediata no condiciona nuestra conducta, sino que es el modo en que habitamos el mundo, esto es, decidiendo la concreción de las posibilidades que nos son más propias en miras de un futuro aún por vivir.

De este modo el Deseo ya no nos habla de relaciones causales y mecánicas entre piezas, sino que remite al abismo de la distancia entre el sujeto y el mundo, como una relación expresada a modo de un movimiento que vuelve imprescindible a ambos polos. El deseo será entendido como la motivación hacia aquel futuro posible abierto en el mundo, y la tendencia que reluce como posible concreción de mi deseo, de modo que la vida psíquica ahora se encuentra fuera de mí, al igual que la dirección hacia la cual se vierte mi intención. El Deseo no es previo a mi movimiento, sino futuro que vivo como incompletitud por realizarse, el deseo no es ajeno a mí, yo soy ese deseo que apunta hacia el mundo, buscando trascenderlo.

Esta forma de entender el Deseo deja abierta toda posibilidad, y por tanto, toda definición de sentido. No contesta a un para que, por lo que no es instrumental. Esta forma de pensar el deseo se pregunta por un como del movimiento que somos, así como por un donde, que es el horizonte de sentido de una vida compartible y común.

 

Comentarios

  1. Muy lindos los besitos Peter, pero ¿Cuándo me vas a garchar?

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