Sobre el exilio como condición existencial

 

Durante el mes de noviembre del 2018, el filósofo alemán Peter Sloterdijk realizó una serie de conferencias en la ciudad de Santiago de Chile, las cuales adoptaron la estructura de entrevistas dirigidas por distintos pensadores[1].

En el tercer y último encuentro, el entrevistador expone como motivo de arranque e inicio de la conversación, la solicitud de que el filósofo alemán esclarezca cual es en su visión, la dirección de nuestro tiempo actual a partir de la interpretación que realizó en su libro Los Hijos Terribles de la Edad Moderna.

Esta interrogante es abierta con la lectura del último tramo del poema Altazor de Vicente Huidobro, para situar la cuestión a tratar en territorio nacional y abrir la pregunta de si la caída de Altazor es similar a la caída de la modernidad. A esto Sloterdijk replica:

 

En los siglos cristianos de Europa la existencia humana se representa como una forma de caminata; el ser humano es ahí esencialmente un caminante. No alguien que cae, sino que ya ha caído, porque con la expulsión del paraíso a causa del pecado original ya nos hemos caído, pero luego nos levantamos y nos convertimos en caminantes. La forma cristiana del caminante es la del peregrino que siempre está en camino hacia un lugar de peregrinaje; en última instancia está en camino hacia su propia tumba[2].

 

De forma inmediata es posible señalar que el modo en que se formula la pregunta de inicio sobre el diagnóstico de la actualidad falla, ya que la afirmación de que <<la modernidad estaría en caída>>, presupone que tal movimiento (a modo de desplazamiento) de un sustrato cósico [óntico] tiene un principio y un final en sí.

Por su parte, el filósofo alemán aclara que la caída no es un suceso histórico, algo que pasa u ocurre en el mundo, sino una condición previa a toda existencia, que de hecho, la posibilita y determina como modo de peregrinaje.

Sin embargo ¿A qué se debe la actualidad y vigencia de una interpretación en clave cristiana sobre la condición humana? ¿Cuál es el poder de una comprensión basada en un <<prologo divino>>[3] tal como el del exilio del paraíso y el pecado original?

Comprender nuestro tiempo implica “sacar a la luz” aquello que en otro momento sostuvo la transparencia de lo cotidiano. Tomar distancia de lo que hay para intentar verlo en su completitud. Esto es lo que hoy llamamos reflexionar, y que nos acerca a <<la verdad>>.

Sin embargo, esta verdad es una forma de relación de uno con sí mismo, un movimiento en dirección opuesta a la tendencia caediza[4] de la vida que, si bien trae libertad, también significa perdida en la decisión tomada.

La libertad, como forma de vida ante la verdad revelada, es únicamente humana, ya que solo nosotros tenemos ojos para ver nuestro reflejo en el mundo como algo que nos concierne, que nos inquieta y nos preocupa.

La vergüenza que sintieron Adán y Eva al verse desnudos es la primera experiencia reflectada de Sí en el rostro de un Otro. El fruto prohibido, del árbol del conocimiento del bien y del mal instala por vez primera el conocimiento de la finitud, de la mortalidad, del destino perecedero del humano. Así también, como castigo por el desacato de la palabra de Dios, la condición adquirida por los individuos, se vuelve destino y condena a modo de condición de existencia de las generaciones venideras. Así Kiergegaard sostendrá:

 

La razón de esto es muy onda y constituye nada menos que la esencia de la existencia humana. Esta razón no es otra que la de que el hombre es individuo y en cuanto tal consiste en ser a la par sí mismo y la especie entera, de tal suerte que toda la especie participa en el individuo y el individuo en toda la especie (...) en todo momento, pues, el individuo es sí mismo y la especie[5].

 

        Los sucesos narrados en el libro sagrado Génesis se prefiguran de este modo como el origen de la condición humana como ser exiliado de su origen, lo que inaugura una comprensión inédita de la relación del humano consigo mismo y el mundo que habita, la cual se trasmite y replica en cada uno de sus individuos.

        Ahora bien ¿En que reside el valor que le imprime vigencia a esta comprensión de la condición humana?

En nuestra opinión, la vigencia de este relato fundacional se encuentra en su capacidad para asir la estructura que sostiene toda experiencia, en tanto el acontecimiento de exilio ocurrido se retrae y permanece como fondo para posibilitar todo aparecer del mundo.

De este modo, el exilio originario, hace posible la libertad en tanto somos capaces de relacionarnos con la verdad que encontramos en el mundo, y como nos encontramos en el mundo siendo.



[1] Centro de Estudios Públicos, (2018). Encantamientos en prosa: Conversando con Peter Sloterdijk. Editorial Fondo De Cultura Económica.

[2] Ibíd. P. 73

[3] Kierkegaard alude al problema del pecado originario en El concepto de la angustia mediante menciones tales como “prologo divino” o “comienzo fantástico”.

[4] Heidegger caracteriza el modo de relacionarnos con nosotros mismos como caedizo, esto es, vivir de un modo impropio, similar a un modo alienado y/o no autentico de vivir.

[5] Søren Kierkegaard, (1982). El concepto de angustia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El amor en tiempos del post-amor

Fragmento 1.

Cómo entender el Deseo?