EL EGO INFLAMADO
EL EGO INFLAMADO
Probablemente uno de los mayores
descubrimientos de nuestra época haya sido la correlación entre los procesos
inflamatorios y los cuadros de salud mental[1].
Se ha encontrado evidencia de como las situaciones de estrés sostenido durante
el tiempo llevan a estados de ansiedad generalizada, depresión y burnout[2].
Esta correlación también ha sido examinada en
relación a los estilos de vida que se desarrollan en zonas mayormente
urbanizadas, y como las ciudades se constituyen como una espacialidad acelerada
en su devenir temporal: grandes distancias recorridas en periodos cortos de
tiempo, sistemas de conectividad de territorios con grandes flujos de personas
acoplados a presión hacia las zonas de compra y venta- la temporización, el ser
que somos cada vez en el tiempo que transcurre siendo nosotros mismos- se
comprime y acelera[3].
Los diagnósticos de salud mental desconocen
el <<sentido>> del concreto <<ser-ahí>> del diario
vivir. Sin embargo ¿quién es capaz de asir el sentido de su existencia en su
contemporaneidad? No nos detenemos a preguntarnos por el sentido o la dirección
de nuestra finitud. En lugar de eso, permanecemos absortos en la pantalla o
buscamos formas de anestesia[4][5].
Solo es posible detenernos cuando ya no podemos andar. Quien enferma ha sido
presa del <<olvido de sí>>.
Resulta intrigante como Nietzsche intentó
adelantarse a su momento histórico al predecir el temperamento de la época
moderna, marcada por la muerte de Dios, como la destrucción del horizonte de
sentido, dejándonos sin centro de gravedad ni referencia alguna hacia donde
seguir, lo que debería haber suscitado un profundo estado de angustia[6].
Sin embargo lo que observamos hoy es diferentemente. Bien lo han señalado ya
varios intérpretes de nuestro tiempo, el temple fundamental de nuestra época es
la indiferencia, la desidia, la postura del cínico ilustrado[7].
La falta de un horizonte de sentido en común
es a la vez el contexto de la complejidad: reconocimiento de menorías sexuales,
la reivindicación de las disidencias, el cuestionamiento a las instituciones
tradicionales que regulaban las relaciones, la promoción de la autonomía e
individuación, el movimiento de grandes masas migratorias, la incorporación del
pensamiento ecológico y la crisis climática, la precarización del trabajo, etc.
Quizás uno de los mayores desafíos de nuestro
tiempo sea pensar la libertad más allá de su ámbito económico, más allá de la
libertad de mercado. Incluso, la libertad sea retroceder un paso a su
realización:
La “libertad”
es la determinación moderna más significativa del espíritu (…) pero es una
determinación originalmente negativa, su contenido positivo se obtiene desde
esta posición, en la se adopta la
libertad absoluta, es decir, su independencia sobre el mundo objetivo, y por
tanto, sobre su relatividad.[8]
Ahora
bien, la duda, o más bien, la hipótesis que deseo presentar en esta oportunidad
dice relación al modo de reacción ante este escenario, comprendiéndolo como
complejo, móvil, y difícilmente predecible, en el que toda tradición es
cuestionada, y con ella, los sedimentos de la historia reciente.
La
tesis que deseo presentar es la del Ego
Inflamado, aludiendo al mecanismo propio que desarrolla el organismo ante
un cuerpo extraño, de forma homologa, las tendencias del carácter en su búsqueda
de recuperar su estabilidad, incrementa su función defensiva, sea mediante mecanismos
expansivos, evitativos, coercitivos, demarcativo, u otro. Lo potencialmente
reflexivo de este ángulo de mira, es intentar posicionar a la experiencia
personal en un punto de referencia experiencial abierto en el “ahí” -la
espacialidad que habitamos y somos- en el entramado social, y como la
complejidad puede llevar a estas reacciones inflamatorias como procesos de
inmunización[9]
del mismo carácter personal.
De
este modo, si el Ego es una construcción discursiva en la cual nos reconocemos
como un “quien” (ser alguien)[10]
de la cual ya no basta para hacerse valer en una sociedad globalizada, la forma
de defensa del Yo ante la amenaza percibida del desplome de la tradición es la amplificación
del Ego sin una narrativa, es el paso al acto, acompañado de palabras que hoy
no son más que “ilusiones de las que se
ha olvidado que lo son, metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza
sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora consideradas
como monedas, sino como metal”[11].
[1] Martone,
G. (2019). The inflammation hypothesis and mental illness. J Clin Psychiatr Neurosci, 2(1), 3-12.
[2] Han, B.
C. (2022). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
[3] Rose,
N., & Fitzgerald, D. (2022). The Urban Brain: Mental Health in the Vital City. Princeton University Press.
[4] Lipovetsky,
G. (2002). La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo posmoderno. Barcelona: Anagrama.
[5] Patočka,
J. (2007). Libertad y Sacrificio. Editorial Sigueme
[6] Nietzsche,
F. (2021). Así habló zaratustra. Lindhardt og Ringhof.
[7] Sloterdijk,
P. (2019). Crítica de la razón cínica (Vol. 107). Siruela.
[8] Patočka,
J. (2021). Interioridad y mundo: Manuscritos fenomenológicos de la
segunda guerra (Vol. 5). Sb editorial.
[9] Esposito,
R. (2008). Bios: Biopolitics and philosophy. U of Minnesota Press.
[10] Ricoeur,
P. (1996). Sí mismo como otro. Siglo xxi.
[11] Nietzsche,
F. (1994). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. NoBooks Editorial.
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